Hace millones de años los conejos no eran como los de ahora, tenían orejas muy pequeñas, tanto que se parecían a los de los gatos. Cada vez que veía su reflejo en el agua se ponía muy triste:

-¡Soy muy pequeño! Decía

-¡Cuánto me gustaría tener un aspecto enorme, pasearme orgulloso alrededor de los demás animales!

La Lechuza que sin duda era la más inteligente del reino animal, ya estaba harta de escuchar sus quejas y le decidió poner fin al asunto:

-Conejo no puedes estar todo el tiempo tan obsesionado con tu tamaño, debes quererte tal y como eres pero, si vas a seguir sufriendo, te aconsejo que subas a lo alto de la montaña, allí encontraras un rio, en ese rio vive un dios que seguro puede ayudarte.

-¡Muchas gracias amiga! Iré hacia allí y veré que tal resulta todo.

El conejo salió brincando con todo la velocidad que tenía hacia la montaña. Cuando llego a la cima ubico al rio y allí encontró al dios dormitando sobre una enorme madera.

-¡Buenas tardes señor! Disculpe la molestia, pero ¿podría usted ayudarme? Es que necesito un favor urgentemente.

-¡Espero que sea algo muy importante porque mi descanso también lo es! –El dios gruño mientras decía estas palabras-

-Vera… he tenido muy mala suerte al haber nacido pequeño y mi sueño es ser un animal muy grande y majestuoso como el gran león o el elefante.

-Lo que me puedo es algo que puedo hacer, pero a cambio necesito que me traigas tres pieles de animales. Las que te encargare son: la piel de un mono, la piel de una serpiente y la piel de un cocodrilo. Concederé tu deseo si las traes antes de mañana al amanecer.

-¡dicho y hecho! Cumpliré ese pedido y tú cumplirás mi deseo.

El conejo bajo rápidamente la montaña y le pidió ayuda a sus amigos la ayuda que el necesitaba:

-¿chicos les importaría prestarme durante unas horas sus pieles? Hoy hace calor así que no se deben preocupar por tomar un resfriado. El dios de la montaña me prometió su ayuda si le llevaba un encargo.

Los amigos ayudaron al conejo, entonces rápidamente salió corriendo a la casa de la montaña para terminar su tarea:

-¡Señor despierte! Aquí le tengo los encargos que me ha pedido

-Voy a recompensarte por lo que has hecho, pero no será exactamente lo que quieres.

-¿Cómo? ¿A qué se refiere?

-Eres un ser muy listo y todos te quieren, hasta tus amigos te prestan sus pieles, ya quisieran muchos animales tener amistades sinceras como esas. He pensado que no necesitas aumentar tu tamaño, sino te daré algo más útil.

Estiro su mano y alargo las orejas del conejo

-Estas orejas te servirán para que escuches todo lo que realmente necesitas escuchar, esto te permitirá vivir muchos años si sabes cómo usarlas.

El conejo se quedó encantado con sus nuevas orejas y desde entonces nacen con las orejas largas aunque tengan el cuerpo muy pequeño.