Hace millones de años, el planeta no estaba cuidado solo por un solo sol, eran en cambio ocho los soles que se encargaba de darle calor a la gente. El calor y la luz eran increíblemente intensos, era casi imposible mantener la vida en la tierra.

Los cultivos, los mares, los ríos, las plantas, todo se había quemado o evaporado gracias a estos ocho cuerpos celestes y los animales no tenían donde esconderse ni pasto para comer. Un día en algún lugar de Asia un grupo de hombres hablaron un tiempo muy largo para ponerle fin a esa situación que estaba matando poco a poco la tierra.

La mejor forma de arreglar todo era quedarse solo con un solo sol y asustar a los otro siete para que se marcharan. ¿Cómo hacer semejante hazaña?

En eso se les ocurre buscar al arquero más fuerte que disparara una flecha hacia los soles y estos correrían a esconderse, sin perder el tiempo, fueron a ello.

El arquero orgulloso de ser el elegido para salvar al planeta se puso en la tarea. Escogió las siete flechas más afiladas y subió a la montaña más alta, tenso el arco y disparo hacia el primer sol. La brillante esfera al recibir el impacto se acobardo y no volvió a salir nunca, así fue pasando con el segundo, tercero, cuarto, quinto, sexto, hasta llegar al séptimo.

El octavo sol, al ver lo que ocurrió con sus hermanos, decidió desaparecer completamente del cielo antes que alguna flecha lo golpeara. La luz y el calor desaparecieron de la tierra y un frio inmenso se expandió por todos los continentes en un abrir y cerrar de ojos.

Los hombres del pueblo, se pusieron a llorar al ver toda la penumbra que había en el cielo, entonces se juntaron de nuevo para decidir que iba a pasar de ahora en adelante y que iban a hacer para recuperar al sol. Un muchacho habló y dijo que tal vez el sol al escuchar la llamada de los animales vendría.

Corrieron buscando animales de un sitio a otro y los animales colaboraron para tratar de hablar con el sol. Todos pusieron de sus fuerzas pero no se consiguió nada, el sol se negaba a regresar.

Lo peor era que un manto de hielo empezaba a cubrir los valles y ríos que quedaban, entonces un gallo decidió llegar a la cima de la montaña estirando allí el cuello para cantar.

El Kikiriki llego al espacio y el sol lo escucho. La gran estrella sintió mucha ternura y decidió regresar a la tierra. La luz se extendió y la tierra volvió a tener una vida plena en primavera, desde entonces el gallo tiene el honor de despertar al sol en cada amanecer.