Hace cientos de años se cuenta que los cocodrilos tenían una piel increíblemente brillante de color oro y muy suave como la de un bebe. Durante el día permanecían ocultos en el barro debido al calor de áfrica pero en las noches salían debido a que hacia fresco.

Una de esos cocodrilos salía normalmente a la luz de la luna y el brillo se reflejaba en su piel iluminando todo a su paso. Los animales nocturnos como los murciélagos o las lechuzas se acercaban cada noche solo para contemplar aquella piel.

El cocodrilo se sentía orgulloso de tanta admiración recibida entre los animales que decidió ir saliendo del lago en el día para que otros animales también lo observaran. Si su piel era como una linterna en la oscuridad, durante el día brillaría casi lo mismo que el sol.

Así fue como cegado por la vanidad el cocodrilo empezó a salir del lago por las mañanas y dejarse ver ante los ojos de asombro de los animales, quienes hacían un coro solo para admirarle.

-¡Qué maravilla de piel!
-¡Ningún animal brilla tanto, es impresionante!
-¡Brilla como el sol!

Y así iban los animales acercándose día tras día para observar la hermosa piel que el cocodrilo tenia, hasta que algo terrible ocurrió. El calor del sol era inmenso y a medida que pasaba el tiempo, fue secando la piel del cocodrilo hasta que dejo de brillar. Fue un suceso horrible, la piel de suave paso a estar hecha de escamas y el color dorado paso a ser un marrón muy oscuro.

Ya a estas alturas el cocodrilo había perdido toda su belleza, los animales que lo veían solo lo criticaban:

-¡Que piel más horrible y dura!
-¡Se ha vuelto increíblemente feo!
-¡Su piel es una coraza gris!

A medida que iba pasando el tiempo nos animales dejaron de estar junto a él, se había convertido en un ser de aspecto amenazante. Sintiéndose completamente humillado y rechazado por los que antes eran sus amigos, el cocodrilo decidió que nunca más volverían a burlarse de su piel fuera el animal que fuera.

Desde ese tiempo la mayoría de los cocodrilos sale mucho menos a la superficie, se mantienen debajo de los lagos y si sienten que se acerca alguien, lo único que hacen es mostrar los ojos desde la superficie del agua, así evitan ser humillados de nuevo por su piel.