Cuenta la leyenda que hace millones de años el sol y la luna se habían mudado a vivir juntos a una casa. La construyeron desde cero, grande, cómoda, bonita e iniciaron una tranquila vida en común.

Un día, pensando, el sol le comento a la luna:
-¿Qué tal si invitamos al océano a nuestra casa? Me gustaría traerlo ya que nos conocemos desde el origen de los tiempos ¿Qué opinas?

A lo que la luna respondió:
-¡Es una grandiosa idea! Así puede pasar tiempo con nosotros.

El sol no tardo ni cinco minutos en ponerse a buscar a su amigo el océano. Al encontrarlo dijo:
-¡Hola! He venido a buscarte, la luna y yo nos hemos mudado y queremos invitarte a nuestro nuevo hogar.
-Te lo agradezco mucho, de corazón, pero me temo que eso no será posible.
-¿No? Estoy seguro que nuestra casa te va a gustar, es bonita y sumamente amplia…
-No es que no quiera pasar tiempo con ustedes, lo que sucede es que soy increíblemente grande, ¿Te has fijado? No quepo en ningún sitio.
-No te preocupes, está todo muy unido y no hay paredes, allí podrás entrar perfectamente.
-Está bien, mañana a primera hoy iré a verlos.

Al día siguiente el océano fue, tímidamente llamó a la puerta y el sol acompañado por la luna le recibieron:
-¡Entra no te quedes ahí! Bienvenido a nuestro hogar.

En pocos segundos el océano había inundado casi todo, por lo que el sol y la luna debieron subir a lo más alto porque el agua ya les estaba llegando a la cintura.
-Me parece que no voy a caber, será mejor que me vaya…
-¡No pienses eso! Vamos, sigue pasando

El océano siguió fluyendo y aunque la casa era enorme el océano era mucho más inmenso. Al poco tiempo el océano empezaba a inundar todo lo que había y el agua hasta se salía por las ventanas, obligando al sol y la luna a subir cada vez más alto.
-Tengo miedo de entrar por completo, sé que no voy a caber
-No tengas miedo, ¡Sigue pasando, ya casi terminas!

El océano al fin pasó por completo y el sol junto a la luna subieron mucho más para no ahogarse. De la casa no quedó rastro pero La luna grito:
-Te regalamos el terreno que hemos ocupado, nos encanta el cielo

Desde ese día el océano ocupa gran parte del planeta ocupando un gran terreno haciendo que el Sol y la Luna nos vigilen desde el firmamento el día y la noche.