Habían pasado miles y miles de años, entonces el sol, aburrido de pasar su vida de manera solitaria decidió casarse. Para organizarlo, celebró una fiesta increíblemente grande a la que fueron invitados los animales del planeta tierra.

Ningún animal quería faltar a la fiesta, desde el elefante hasta la hormiga querían asistir y ser los primeros en llegar. Hubo uno, que rechazando la idea, salió corriendo a su madriguera a esconderse, se trataba del pequeño erizo blanco de hocico marrón.

Sus vecinos se sintieron ofendidos por su actitud, decidieron entonces convencerlo de asistir a la celebración para no hacerle mala jugada al sol.

La rana y el tigre dijeron:
-El sol se pondrá triste si no vas, no puedes faltar ¡es de mala educación rechazar una invitación de ese estilo!

Después de que la rana, el tigre, la cebra, el caracol y el león hablaran con él entonces dijo:
-¡déjenme en paz! está bien, prometo que iré.

El sol entusiasmado por la invitación había creado un banquete, los diferentes animales a medida que iban llegando, se iban sentando en la mesa. El único que pareció amargo por todo era el erizo, quien no quiso probar nada del banquete y tenía mala cara.

El sol, quien estaba atento de todo le dijo:
-Amigo ¿Qué pasa? ¿Puedo saber porque tienes mala cara y no quieres comer nada? Mande a preparar todo para que ustedes comieran y disfrutaran bastante en la fiesta.

A lo que el erizo respondió:
-estoy muy preocupado, usted nos da calor pero si se casa y tiene hijos soles, moriremos de tanta calor todos los animales de la tierra. Por eso es que no estoy comiendo nada, para irme acostumbrando si es que logro sobrevivir.

El sol se quedó completamente callado, pensando. El erizo tenía increíble razón, entonces decidió no arriesgarse a destruir la vida que es una belleza. Camino hasta el medio de la multitud y pidió silencio para decir unas palabras:
-Quiero decirles algo muy importante. He tenido una conversación muy importante con el amigo erizo y quiero decir que ya no voy a casarme. ¡La boda queda anulada!

El silencio se apoderó de la sala, los animales empezaron a llorar de la gran tristeza que representaba la noticia. Todos le querían dar su merecido al traidor del erizo, pero este se escondió para que nadie lo encontrara.

Cuando todos se marcharon de la fiesta el sol lo encontró y dijo:
-me temo que todos están enfadados contigo, pero yo estoy muy agradecido por hacerme ver lo que antes no había visto. Te daré un regalo, sé que te quedarán bien.

El sol le entregó unas púas para que el erizo cada vez que alguien lo molestara o le fuera a hacer daño se pudiera proteger, desde ese día tiene el cuerpo lleno de pinchos.