Esta es una Leyenda muy antigua de la cultura Quechua que inculca y enseña a los niños la importancia de cuidar la belleza interior y reforzar los valores de la empatía y la bondad, en el trato con pares o semejantes. De igual manera trata de la importancia de ser agradecidos.

Leyenda La Araña

Había una vez una princesa llamada Uru, muy bella y heredera del trono del imperio Inca. Su padre la adoraba y deseaba que se convirtiera en una reina buena y justa. Para ello, se esforzó mucho en la educación de su hija. Sin embargo, a ella no le gustaban los estudios. Prefería, jugar y dedicarse a mejorar su aspecto físico y su belleza.

Tenía muy mal carácter y perdía la calma fácilmente.  Le gustaba ordenar y que todos obedecieran. Si no conseguía lo que deseaba en el momento, entraba en cólera. Cada vez  era más déspota con todos.

Llegó el día en el que el padre de Uru falleció y subió al trono. Al principio se dejó asesorar, pero poco a poco comenzó a abandonar sus obligaciones como reina. Le aburría mucho tomar tantas decisiones. Así que tomó la decisión y dijo a todos:

Escuchadme bien: ¡ya estoy cansada de tantas obligaciones. Es muy aburrido. Yo quiero descubrir otros lugares, lucir mis vestidos y acudir a muchas fiestas. Quiero pasármelo bien, así que ya no tomaré más decisiones sobre el imperio, que lo haga otro!

A pesar de que el mismísimo consejero real intentó persuadirla, ella seguía firme en sus decisiones.  No seáis insolentes No quiero trabajar más y me voy. No intentéis impedírmelo.

Enfadada, decidió azotar a todos por insolentes. Se quitó el cinturón y lo levantó para golpear al consejero real. Pero entonces ocurrió algo extraordinario, no podía bajar el brazo. Se había quedado petrificada como una estatua.

Y mientras intentaba moverse sin éxito, apareció una diosa cubierta con un manto dorado. Y dijo en voz alta, dirigiéndose a la reina:

Sin duda eres muy egoísta y mezquina. Podrías dirigir tu reino con sabiduría, justicia y bondad pero  en cambio prefieres atemorizar y humillar a tus súbditos. Así que no mereces lo que te dieron. A partir de ahora ya no tendrás belleza y no serás reina. Además, tendrás que trabajar sin descanso.

Después, una nube envolvió a la reina y al disiparse, en su lugar apareció una araña fea y peluda. Asustada, Uru salió corriendo en busca de refugio, lejos de posibles pisotones. Ya en un rincón, se dedicó a tejer tela de araña sin descanso.